Moria's Purple Mirror

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martes, 5 de junio de 2012

La niña que quería morir


Ella vivía en una casa llena de vida; habían papás, hermanos, sobrinos y hasta mascotas. Muchas. Pero en su mente siempre tuvo claro que las personas no garantizan compañía. Ella siempre estuvo sola.

Decir cuándo empezó todo sería como jugar un azar. Aún así, ella aseguraba estar destinada antes de su nacimiento. Sus padres no sólo habían tenido experiencias cercanas a la muerte antes de conocerse, sino que en su misma luna de miel estuvieron a segundos de ser atrapados entre un auto a velocidad de persecución y una cortina de metal en un local de Manzanillo. Contaban sus vivencias y se decían afortunados por el "tiempo extra".

Ella nació dos años después, añorada por sus padres y con su nombre decidido mucho antes de la boda. La alegría de su nacimiento fue truncada por una noticia: el fallecimiento de su abuela paterna. La misma hora selló en ella un estigma que jamás arrancó de su espalda. Cada cumpleaños sería, a la vez, un aniversario más de aquella triste tarde en la que dejara de acompañarnos en este mundo la matriarca de la familia.

Tal vez sea mi imaginación, pero esa niña era feliz; eso nos parecía a todos. Vivía en un mundo alejado, no se la entendía; parecía que siempre soñaba despierta, que la realidad nuestra no la afectaba, le era inexistente.

Pensaba. Prácticamente todo el tiempo miraba al vacío con una expresión casi escalofriante, como si encontrara respuestas a sus constantes cuestionamientos, con un aire burlón a veces, con uno jactancioso otras, pero en definitiva, depresivo siempre. Pero sonreía, para sí, entretenida, divertida y alejada. Sola.

Recordaba con extraña claridad la primera vez que la vio, como si tuviera al menos el doble de sus apenas cinco años. La miró a los ojos. Pero no visitaba por ella, sino por un familiar. La vio fastuosa, pálida y fría, con un vestido de elegantísimo blanco, con un caminar puro, sin titubeo, delicado pero rígido. Como nunca nadie.

Preguntó por su abuelo y la respuesta fue breve: "se fue al cielo". Parecía haber entendido lo que se le dijo. Pareció entender que ya no estaba y que no volvería jamás. Sin embargo, ¿qué puede entender una nena de cinco?.

Creció. Encantaba a cualquiera con su mirada y sonrisa. Su familia le auguraba el mundo. Ella no se enteraba.

- Jamás pensé llegar a cumplir veintisiete años - sentenciaba. 

- Desde pequeña, me imaginaba constantemente formas con las que podría simplemente dejar de existir en esta realidad a la que odié por mucho tiempo. Veinticinco era la edad límite. -

"Encerrada". En una palabra describía su propia existencia; aunque reconocía que esas paredes no estaban en otro lado sino dentro de su cabeza, en su propia percepción.

Mucho le ofrecían. Dependía tal vez de su improvisada empatía con la gente, de sus ojos tiernos a la vez que seductores, o de su andar casi distraído. "Las cosas se te conceden", solían asombrarse sus conocidos. A veces ellos mismos propiciaban que así fuera.

Le gustaba sentarse en el baúl de la ventana que miraba a la calle. Creía poder entender el mundo desde ahí. Disfrutaba y valoraba los momentos de reflexión que ella misma conseguía, pese a la dificultad en una casa tan ocupada.

La noche. Su momento predilecto. Pero la noche guarda demasiado entre tanta oscuridad. A veces sólo sonidos es posible identificar entre sombras. Ella los conocía todos. Y los guardaba para sí, sabiendo de antemano que no habría con quién compartirlos. A la gente le falta pasión por lo simple...
Y le sobra miedo.

Entre los sonidos llegaba a identificar uno en especial. Anunciaba la visita que ella esperaba. Salía al balcón y le llamaba. Sugería su encuentro, pero éste no se daba. La ausencia del sonido indicaba soledad de nuevo y ella simplemente aguardaba en silencio un par de horas. A veces llamaba frustración a su sentimiento, pero otras simplemente vivía la tristeza cotidiana y dormía procurando olvidar las posibilidades.

Y así, nuevamente llegada la madrugada, aspiraba el frío aroma de la soledad en el balcón, soledad que no era provocada por la gente, sino por ella, ella a la que siempre añoraba, la que caminaba a su lado pero que nunca dejaba verse.

Una tarde, caminó directo hacia la hermosa ventana que aparecía al costado de la habitación; yacía tan grande, majestuosa, rodeada de blanco conteniendo el verde. - ¿Qué te ocupa, Aline? - se atrevió a preguntarle; - La Muerte - respondió ella en un tono apacible, con una fuerza en la voz tan sigilosa que apenas permitía percibir esa perturbación que se hallaba en su cabeza; - ¿La Muerte?... ¿A qué te refieres? - - La siento, la he visto, y sin embargo, no me quiere -.

Pero sabía que no debía buscarla, que no tendría sentido, porque cuando algo vive en ti, ¿cuál es el sentido de buscarlo fuera?.

Sin embargo, se recordaba que nada es infinito, y que la vida terminaría por acabarse un día. Cada día era uno menos. Porque doquiera que has estado, algo de ti queda. "Es como morir poquito" pensaba. Lo descubrió al recordar los años, los amigos, los lugares. Cada cana le recordaba esa mortalidad de la que era dueña la del espejo.

Un día tendría que volver a verla a la cara...

Un apabullante escalofrío recorrió su ser en ese momento. - No quiero tenerla cerca, no sabría qué hacer.

Tal vez la única eternidad exista en sus brazos. No pretendo perdurar más.

Concédeme el ajedrez de la prórroga, la eternidad de las sombras o la tranquilidad de las cenizas -.

domingo, 20 de mayo de 2012

No porque sea 20 de mayo, sino porque es día del psicólogo

Qué tal. Hoy es 20 de Mayo y se celebra el día del Psicólogo. Les escribo puesto que no quería dejar pasar la fecha. Bueno, la verdad es que me gusta que me feliciten este día, así que ya saben. 

¡Feliz día del Psicólogo para todos mis colegas y, pues... para mí!

Ser psicólogo de verdad que tiene sus matices; la mayoría de la gente actúa raro acto seguido se enteran de tu profesión, o al expresar una opinión te reclaman diciendo "¡no me psicoanalices!", y nunca falta la persona que te pregunta si lees mentes. A veces también tiene sus usos personalmente útiles, como poder alejar fácilmente a alguien que quiere lucirse o hacerle ver a una persona que no será tan fácil manipularte. Pero es verdad que como psicólogos somos persistentes, tolerantes y perseverantes; no nos dejamos, somos unidos y buscamos el bienestar y la salud mental e integral de las personas. 
Pase lo que pase, no podemos separar nuestra profesión de nuestra vida, y eso sí apréndanlo muy bien; interpretaremos cada palabra y cuestionaremos cada gesto, procurando también de vez en cuando salirnos con la nuestra. Orgullosamente, Licenciada en Psicología.

Les dejo una pequeña redacción que me encontré precisamente por la ocasión y que me pareció entretenida. ¡Disfruten su día!

Los psicólogos…
no enferman, somatizan.
no estudian, subliman.
no tienen ocurrencias, tienen insight.
no se equivocan, tienen actos fallidos.no cambian de idea, resignifican.no hacen disparates, despliegan su creatividad.no hablan, verbalizan.no conversan, puntúan.no responden, interpretan.no dicen estupideces, asocian libremente.no se desahogan, hacen catarsis.no te bancan, te contienen.no hablan por teléfono, se comunican de inconsciente a inconsciente.no son pesados, tienen una ligera compulsión a la repetición.no resuelven sus problemas, elaboran sus conflictos.no se enamoran, hacen transferencia.
no padecen una crisis, están atravesados por el malestar.


lunes, 5 de septiembre de 2011

Puntadas del Mingochas, blog por Óscar Gutiérrez Aviña

Pues les cuento que mi papá abrió hoy un blog (que en realidad por la hora, ya fue ayer).
El nombre del blog es Puntadas del Mingochas, y el nombre del autor es Oscar Gutiérrez Aviña; y permítanme decirles que en realidad esto ya tiene su historia.

Desde siempre, ha sido un gran fanático de la animación y el dibujo, sobre todo de caricaturas. Desde niño, le gustaba dibujar y de joven estudió la carrera de Comunicación Gráfica. Hizo varios cómics y creó sus personajes, hizo animación, fotografía, pintura, escultura, peluches... no, bueno. Hizo de todo.
Pues dado que ya contaba con personajes, con la experiencia y con la idea de las tiras cómicas, fue que surgió el planteamiento de comenzar su blog, y así, todo lo que se le ocurra y dibuje quede publicado para deleite de nosotros.

Así que aquí se los dejo, con su primera publicación Puntadas del Mingochas: Elecciones, y más por el gusto de que mi papá esté regresando a la dibujada que ya tenía rato que había dejado, y que sabemos por demás todos cuantos lo conocemos, que el dibujo es su vida.

Enhorabuena papá, mucha suerte y constancia.

martes, 22 de febrero de 2011

Tú lo dijiste: "pero ya es tarde..."

Un día están enamorados; al siguiente desean no haberse conocido...

Y vienes corriendo, pero chocas con pared. Habiendo dedicado las palabras más hermosas, terminas pronunciando las de desprecio y daño.

Y la historia se repite.

Nadie lucha por lo que en realidad no quiere. A veces simplemente se resignan a sufrir y comienzan a hacerlo sin ni siquiera la certeza de la derrota.

Para mí, el sufrimiento sin derrota, es pantomima.

El día que alguien me demuestre una verdadera lucha, una verdadera ambición, verdaderas intenciones en hechos reales y palpables, ese día se acabará la búsqueda que no existe. Porque a nadie le sirven las intenciones, a nadie le sirven las verdades omitidas ni las cosas hechas a medias.

Inmadurez.

Lo más difícil es saber dónde estas parado; reconocer tu error, entender tus patrones repetidos una y otra vez y querer moverte de lugar. Querer hacerlo, seguir intentando.

Y tal vez de eso se trate todo; de que al final quien tenga la última palabra no sea la razón, sino el sentimiento. Y si la razón gana, el sentimiento no era tan fuerte.

En estas situaciones no existe la palabra "correcto" o "bien y mal". Esto va más allá. No se trata de dejarte golpear por él, ni de las flores de arrepentimiento que traerá después, sino del maldito sentimiento que tiene más fuerza que tú, y que logra amar sobre los defectos. Sus defectos.

Y aunque te llamen tonta, y aunque te sepas tonta.

Una de dos; o resistes hasta que todo caiga por su propio peso, o terminas todo por el aviso "inminente derrota", evitando la llegada de la misma, o incluso apresurandola.


Para mí, se reduce a querer saber si te amo pero no existes, o si existes y no te amo. Y ojalá no sea ninguna de las dos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Mi abuelito, Pedro

Fray Pedro de Gubar, cronista y comentarista deportivo, dejó de acompañarnos en esta travesía que es la vida, para convertirse en el recuerdo de un hombre maravilloso que siempre fue alegre y fuerte.
Excelente esposo, padre, abuelo y amigo. 
Hoy, jueves 10 de febrero a las 6 de la tarde, nos ha dejado este vacío enorme. 
Pero siempre estará en nuestro vivo recuerdo. 
Pedro Gutiérrez Barragán. Q. E. P. D.




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Actualización noviembre 2011.

Qué tal a todos. 

Visiten de ser posible el siguiente link, el cuál es la página oficial de Fray Pedro de Gubar, con información acerca de su vida y del homenaje del Salón de la Fama del Fútbol Nacional e Internacional. 

Gracias por sus comentarios y por recordar a mi abuelo en manera especial. 

Saludos afectuosos.


Les dejo también la página de Wikipedia. Fray Pedro de Gubar en Wikipedia

lunes, 10 de enero de 2011

He aquí lo que llamo una terapia personal

A 6 días de haber iniciado un nuevo año, y yo con un tremendo dolor de espalda, de esos que me dan por las preocupaciones ajenas que me encanta hacer propias; o en todo caso, las preocupaciones propias que ignoro hasta que veo las de otros que, por fin, logran hacer que me identifique con las mías...y etcéteras.

El punto es el mismo: el dolor de espalda. Ya lo tengo más que reconocido y ubicado. Cuando me llega, casi puedo ver la viga enorme que me cargo en ella. Tamaño, forma, textura, todo. Es ese dolor que me hace tomar decisiones, justo las que no quiero enfrentar. 

A veces platico acerca de las situaciones ajenas; y mientras lo hago, no puedo evitar sentirme un tanto orgullosa al ver que, aparentemente, mis situaciones son más simples, o que sé tomar buenas decisiones; e incluso hasta me hace pensar en "qué afortunada soy". "Tengo suerte, ¿sabes?; no tengo ese tipo de problemas", o "Vaya, al menos cuento con la inteligencia para resolver esto o aquello". Y andas por la vida resolviendo las cosas de los demás. Evitando que caigan en aquello que yo odiaría caer. Justo en el lugar en el que me siento.

Sí, porque después me llega el momento de despertar y de enfrentarme. Justo después de analizar el problema de esa otra persona, y casi resolvérselo en su totalidad, al menos en mi mente; y cuando me quedo sola. Y comienzo a pensar en mí, en eso que quiero laboral y personalmente; en que realmente tampoco sé qué es; aunque tenga algunas cosas por seguro, como el saber que no quiero quedarme para siempre en este trabajo, o que odiaría vivir con un hombre que no baja la tapa del escusado.

La verdad es que no parece que tome decisiones incorrectas porque tampoco enfrento las mismas. Tan fácil como saber que quiero vivir una vida fuera de mi casa con el hombre que amo, pero elijo justamente al muchacho varios años más joven que yo, sin terminar los estudios y sin un trabajo que nos sacará a ninguno de los dos de nuestra cómoda vida en casa de nuestros respectivos padres.

Anotaba para mí algo que quisiera apuntar en este sentido. "¿Por qué de repente siento como que nadie realmente entiende lo que necesito para tener lo que quiero?". La respuesta es porque simplemente nunca lo digo. 

¿Qué quiero? ¿Qué necesito para tener lo que quiero?... 

¿Qué es a lo que más le temo en esta vida? A estancarme. Si tu te estancas, y yo me veo avanzando, me largo. Así de fácil.

La cuestión es, siendo sincera conmigo misma, que nunca lo comento; simplemente lanzo indirectas para un día llegar y decir: "lo siento, sabes qué es lo que yo necesito, lo que te pedí tantas veces... así que esto no va a funcionar". 

Es aquí donde me detengo con mi dilema existencial. Y aquí va lo que me resta de sinceridad pura. No estoy segura de querer forzar a nadie a vivir rápido para obtener eso que yo necesito. Y el no tenerlo sí podría ser algo que defina el futuro.

Así que, tomemos nuestras decisiones.

viernes, 31 de diciembre de 2010

2010

Un año que se acaba. Un año que perece.

Un año que fue lleno de vicisitudes, de altas y bajas; un año que no sé si en verdad pueda catalogar como "bueno".

Es el año de mi crecimiento; el año en el que vi fallecer a una de mis mejores amigas, en el que vi alejarse a todos mis amigos de mi lado, en el que vi a personas cercanas a mí caer en extrema enfermedad, y en el que yo misma enfermé más veces que en cualquier otro.

Es el mismo año que termino sola. Sola como siempre quise. Como jamás me imaginé que sería.

No puedo decir que no sienta envidia por todos los demás, que pasan sus fiestas acompañados, con sonrisas, luces y ruido. O por los que simplemente la pasan al lado de sus seres más queridos. Los envidio a todos. Pero no creo que sea mi culpa, sino de esta soledad que me abarca esta noche, de esta tristeza que me suplica por algo nuevo, algo excepcional; tal y como decían que era. 
Tal y como nos hacían creer cuando niños.

Pienso que eso es lo que me da más coraje de todo. Que me inventara una navidad, un fin de año, tan especial, tan mágico, que se convirtiera en algo imposible de crear.

Y, analizando bien, no estoy segura de que alguna vez lo haya sido realmente. Al contrario. Parecen fechas vacías, sin sentido. Aburridas y llenas de gente que se molesta si no la saludas con una gran sonrisa y una larga lista de tus logros del año que termina.

No sé realmente qué sea. Pero últimamente, le he perdido un tanto el sentido a todo. A la vida misma. Finalmente, espero que sólo sea un proceso, algo "pasajero".

domingo, 12 de diciembre de 2010

Mis eternas listas

Pues sí. Se acaba el año y me siento como envejeciendo. Quisiera verlo desde otra perspectiva y pensar que soy "un año más sabia" o algo así. Aunque me sentiría demasiado ridícula.

Cuando inicié este blog, me sentía con tantas ideas para escribir que no me alcanzaba el tiempo para pensarlas todas. Aparentemente, en este momento no sé qué escribir. Escribir es fácil, lo que es difícil es saber sobre qué.

Últimamente, me detengo mucho a pensar acerca de lo que hago, lo que soy, el lugar en el que estoy. En realidad, considero que he aprendido mucho en este último par de meses.
Aprendí, entre otras cosas, que:

-en un lugar frío siempre puede haber uno más frío aún ("efecto congelador");
-que convencerte de que alguien te escucha hace más sencillo hablar sola, aunque realmente nadie esté escuchando;
-nunca me ha gustado poner el árbol en navidad, pero con amigos siempre será genial;
-que si le das alcohol a una persona que está sola, se pondrá tres veces más triste (mentira eso de olvidar las penas);
-que el trabajo es menos pesado cuando tienes a alguien en quien confiar para que te ayude y lo haga tan bien como tú lo harías (o mejor);
-que mi carro sí podía estar más sucio de lo que ya estaba;
-que está bien confiar en la gente, pero no en cualquiera, sin conocerla, y a hacerle caso a los instintos viscerales de vez en cuando;
-que debería dejar de exigir total perfeccionismo cuando yo misma no soy perfecta;
-que la ausencia de un ser amado puede hacer una tarde de domingo la más triste de todas.

En fin.  Han sido meses sumamente demandantes y de mucho aprendizaje.
Ya esta semana es la última de trabajo, antes de dos semanitas de vacaciones que, realmente no son de descanso, sino de calles repletas de ir y venir de gente, de tiendas hasta el tope de compras navideñas y de festejos y gastos innecesarios con sonrisas fingidas y regalos forzados.

Jamás he sido lo que se considera "un grinch", simplemente preferiría que estas fechas fueran más de descanso rico junto a tus seres queridos en una casa junto a la chimenea, con chocolate caliente en tu taza, palomitas y una buena película, luces navideñas por todos lados y abrazos cálidos.

martes, 26 de octubre de 2010

Pérdida (con acento, por favor)

Hace poco más de una semana, pensaba escribir este post acerca de lo terrible que fue para mí perder mi disco duro con absolutamente toda mi información en él, y de cuánto lloré por lo perdido. Pero las cosas han cambiado tanto en el transcurso de tan solo unos días que, lo que para mí parecía importante, ha dejado de serlo en manera radical. Pero no sólo en el ámbito de lo material.

Tal vez se deba a que mis padres siempre me mantuvieron alejada de este tipo de dolor, pero ahora que me enfrento a él, veo que me cuesta más trabajo que a otros. Tal vez si estuviera más familiarizada con el asunto, sería diferente.

El caso es que hace unos días, un suceso desafortunado trajo consigo otros, que me han quitado el sueño.
¿Qué hay con el sentimiento de pérdida?, ¿cómo lidiamos con él y cómo es que funciona?. La realidad es que a todos nos encantaría contar con una receta elaborada paso a paso de cómo vivir el dolor y superarlo para que no nos siga cada día de nuestras vidas. Apenas hace unos días, un compañero de trabajo se acercó a mi para decirme: "¿es normal que me duela tanto?, ¿es normal que no pase el dolor?"

Lo cierto es que no hay receta; pero sí normalidad.  Muchos entienden "normal" por lo que "debe ser", o lo que está bien. Normal sólo se refiere a lo que a la mayoría le sucede. Por tanto, lo normal es que nos duela, es sufrirlo, llorarlo. Lo mejor para nosotros, sería que, al final, pasaramos a lo siguiente.

La verdad es que nunca lo vamos a olvidar; pero lo que sí podemos hacer es no acostumbrarnos a vivir con el dolor, para no vivir sufriendo. Entender a un nivel muy básico (pero sublime), que nada es de nosotros. Está en la naturaleza humana el sentido de pertenencia, que no hará más que provocarnos dolores de cabeza, y de corazón, durante toda nuestra vida. Nada nos pertenece. Ni nuestros padres, ni nuestros hijos; ninguna persona ni ninguna cosa. Cada quién se pertenece a sí mismo, y nada más.

domingo, 3 de octubre de 2010

El odio de mi vida

Apenas antenoche escribía mi primera entrada del blog. Desde entonces me la he pasado pensando en que quiero volver a escribir. Tal vez esto me cree una nueva adicción, la cual estoy dispuesta a permitirme, ya que parece haber algo ligeramente terapéutico en ello. Sabía que el día que empezara a escribir probablemente no podría detenerme; eso bajo la premisa que arroja mi manera de hablar. Quien me conoce no podrá negarlo.

Entrando en materia, en mi primera entrada me costó algo de trabajo elegir el título, como se habrán dado cuenta; y simplemente me puse a escribir. No creo que haya salido tan mal; sin embargo, en esta ocasión decidí hacerlo diferente. Comencé por el título, esperando no perderme del mismo para comentarles lo que ha estado pasando por mi cabeza.

Por causas que no voy a puntualizar porque no tiene caso recordar en un futuro, me reencontré con el "odio de mi vida". Sí. Me declaro totalmente culpable de tener una persona a la que he odiado desde los 16 años. La razón podría parecer tonta al día de hoy; y es más, lo es. 

Ayer que tenía la intención de escribir acerca de esto, se me ocurrió comentarlo antes con una amiga.

Haré aquí un paréntesis para contextualizar la situación con esta chava (mi amiga), quien es simplemente genial. Nos presentaron hace año y medio, pero realmente no nos conocemos. Nuestra relación se ha limitado puramente a lo profesional, ya que somos compañeras de trabajo; así que platicamos puramente de lo que nos interesa y de lo que queremos. Ni ella ni yo invadimos nuestro espacio, lo cual es ideal (al parecer) para las dos. A esto hay que sumarle el hecho de que es una persona pensante como pocas se llegan a encontrar; y esto nos permite hacer reflexiones de muchos temas, ya que también le gusta aprender y conocer. Supuse que ella podría darme un pequeño empujón para escribir acerca de la cuestión del odio en mi blog.

Resultó que me puse a platicarle la razón de mi odio, la edad que teníamos, lo que sucedió con dicha persona, lo que sucede conmigo cuando la veo... Y sí, terminó siendo estúpido para mí seguirla odiando de tal manera.

Creo que nunca lo platiqué de nuevo, es decir, la gente que me conocía en ese momento y mi familia, saben que simplemente la odio; así que no tuve necesidad de decirlo. A la gente que me fue conociendo y a la que le llegué a comentar, nunca les dije la razón, me limitaba a decir: "no la soporto". Y ahora que intenté decir la verdadera causa y recordar lo que sucedió; me funcionó diferente a lo que pensaba.

El mismo odio en sí ha ido cambiando. Ha pasado de ser un odio de un problema clásico y más que sabido de adolescencia, a un sentimiento de incomodidad al saber que la persona se encuentra cerca. Lo que me parece más complicado es expresar el sentimiento real, ya que el término es tan relativo como para cada persona.

Lo que más me molestó de darme cuenta de que me sigue afectando aún después de tantos años, es el hecho de la importancia que le doy a esa persona; siendo que dentro de mi filosofía de vida, la indiferencia siempre ha aparecido como mi mejor arma en contra de cualquiera que simplemente no valga la pena.

Así que, le dedico este post como lo último que tendrá de influencia en mí y en mi pequeña cabeza; y me deshago de todo aquello que me ha afectado hasta el día de hoy; porque simplemente el mantenerla en un lugar en mi mente no vale la pena.