Moria's Purple Mirror

Moria's Purple Mirror

martes, 26 de noviembre de 2013

La vida pone todo tipo de encrucijadas para impedirnos llegar a la felicidad, provocando así una frustración tan grande y absoluta que nos hace buscar la salida de mil maneras.

Creyendo tal vez que la felicidad está al morir en una especie de redención divina, y que el sufrimiento sirve de algo, o que la vida misma es la felicidad y hay que vivirla, para al final darnos cuenta de toda la felicidad que conllevó.

Cuánta gente tendrá realmente la oportunidad de encontrarse cara a cara con eso que todos de alguna u otra manera buscamos.

martes, 29 de octubre de 2013

Qué necesidad de hablar con extraños

Hay que tener miedo cuando de hablar con extraños se trata, incluso se nos inculca no hacerlo desde pequeños, porque podría ser peligroso. Pero nadie nos advierte del verdadero peligro: uno se expone a conocer a alguien.

Conocer a alguien puede ser peligroso de muchas formas, podría ser una persona interesante, que atrape con la plática, o cómica y que nos haga reír toda una tarde; tal vez alguien que se torne importante en nuestras vidas, alguien maravilloso, de quién nos prendiéramos sin posibilidad de marcha atrás.

Otro peligro es que hacerlo puede también llegar a ser liberador. Uno nunca sabe si se encontrará con un hablador o un escucha, una persona con problemas o soluciones, con experiencias o conocimientos.

Fue así que nos conocimos. Hablando con un extraño en un lugar inverosímil, en una situación que no se repetirá. Cansado tú, como yo, de la vida diaria, de las cosas y de las personas. 

Simplemente con la necesidad de hablar con alguien a quien no conoces, que te diga las cosas que necesitas escuchar, y que a la vez, te acompañe a conocer y descubrir un lugar por demás visitado, pero nunca admirado.

Al final, cada quién regresa a su vida, con gente, cosas y situaciones conocidas; lo mismo. Convenientemente lejos. Sin saber si se volverán a ver, reconociéndolo prácticamente imposible. 

Pero ahora la vida ha cambiado, el paisaje es distinto, y nosotros también.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Y si no te escucho: grita

Aún recuerdo el día en que decidí comenzar a gritar. Había pasado una vida callada, esperando a que los demás, alguien, quien sea, se hiciera cargo de aquello que yo necesitaba.

Y es que no era mi culpa, esa es la realidad de la mayoría: nadie nos enseña a gritar. 

Cada uno de nosotros tenemos necesidad de atención, de cariño, y por qué no, hasta de que nos den detalles que nos ayuden a decorar la egoteca. De una respuesta. Pero tienes que esperar por ello, incluso hay que ganárselo con esfuerzos desmedidos para obtener un poco de ese reconocimiento de los demás, para ser uno mismo. 

Tragarse el orgullo, no reclamar nada, esperar en silencio, pensar por el otro.

Pero lo peor viene cuando llegas a intentar hablar un poco más fuerte de lo acostumbrado. Te callarán de inmediato, coartando esa necesidad innata de gritar por aquello que te hace ser y que es ya por derecho tuyo.

"¿Lo hice bien?, ¿cómo me veo?, ¿me quieres?" o incluso un "quédate". Callados, por lo que te han enseñado desde siempre, gracias a prejuicios estúpidos. 

Esperar que todo llegara por sí solo. Y lo hice. Esperé.

Ese día, el día en el que decidí que gritaría si así me place, lo recuerdo, les decía, y comencé a preguntar. No quise quedarme con duda de nada, incluso aunque la respuesta no fuera algo meramente agradable para mis sentidos: "¿nos volveremos a ver?, ¿la amas?..."

Así de simple es la vida. Uno dice qué necesita, y no se queda esperando a ver si el otro ha podido o no darse cuenta.

Grito para que estés, para que te quedes, y para que me ames. Grito para que todo me sea concedido y para que nada se pierda en la conmiseración. 

domingo, 3 de marzo de 2013

Juro que las dos de la mañana no son mi fijación

Build a bridge to your mind
Takes me there everytime
Lay it all on the line
If there's a way...

Escucho esta canción, son las dos de la mañana, y me remite a un tiempo pasado, a un tiempo que había olvidado, que sin querer se borró de mi memoria. Un tiempo tan distinto al de hoy, y tan extraño para mí ahora, que casi no lo reconozco. Y comienza a ampliarse mi recuerdo. Aparecen sus sombras como figuras inexistentes tras la posibilidad. Gente que existía, que pensaba, que hacia planes. Y ahora que me encuentro, ahora que me sé y que me veo, teniendo lo que tengo, estando donde estoy, haciendo lo que hago; dejo de entenderlo todo. Porque antes había planes, en algunos fui incluida, en otros no, pero nunca elaboré los propios. Ahora no hay ni sombras, ni planes, ni memoria. Ahora hay presente. Un presente en el que no pudimos caber, y al que por tanto, llegamos solos.
Solos y con otra gente sola, gente que hace planes, y que piensa, y que existe.

Qué cambiada está la vida, qué absurdos todos los que se atreven a hacer planes, qué momento éste tan único. Irrepetible. Y que se borra con el sueño. Y que mañana ya no existe.

martes, 5 de junio de 2012

La niña que quería morir


Ella vivía en una casa llena de vida; habían papás, hermanos, sobrinos y hasta mascotas. Muchas. Pero en su mente siempre tuvo claro que las personas no garantizan compañía. Ella siempre estuvo sola.

Decir cuándo empezó todo sería como jugar un azar. Aún así, ella aseguraba estar destinada antes de su nacimiento. Sus padres no sólo habían tenido experiencias cercanas a la muerte antes de conocerse, sino que en su misma luna de miel estuvieron a segundos de ser atrapados entre un auto a velocidad de persecución y una cortina de metal en un local de Manzanillo. Contaban sus vivencias y se decían afortunados por el "tiempo extra".

Ella nació dos años después, añorada por sus padres y con su nombre decidido mucho antes de la boda. La alegría de su nacimiento fue truncada por una noticia: el fallecimiento de su abuela paterna. La misma hora selló en ella un estigma que jamás arrancó de su espalda. Cada cumpleaños sería, a la vez, un aniversario más de aquella triste tarde en la que dejara de acompañarnos en este mundo la matriarca de la familia.

Tal vez sea mi imaginación, pero esa niña era feliz; eso nos parecía a todos. Vivía en un mundo alejado, no se la entendía; parecía que siempre soñaba despierta, que la realidad nuestra no la afectaba, le era inexistente.

Pensaba. Prácticamente todo el tiempo miraba al vacío con una expresión casi escalofriante, como si encontrara respuestas a sus constantes cuestionamientos, con un aire burlón a veces, con uno jactancioso otras, pero en definitiva, depresivo siempre. Pero sonreía, para sí, entretenida, divertida y alejada. Sola.

Recordaba con extraña claridad la primera vez que la vio, como si tuviera al menos el doble de sus apenas cinco años. La miró a los ojos. Pero no visitaba por ella, sino por un familiar. La vio fastuosa, pálida y fría, con un vestido de elegantísimo blanco, con un caminar puro, sin titubeo, delicado pero rígido. Como nunca nadie.

Preguntó por su abuelo y la respuesta fue breve: "se fue al cielo". Parecía haber entendido lo que se le dijo. Pareció entender que ya no estaba y que no volvería jamás. Sin embargo, ¿qué puede entender una nena de cinco?.

Creció. Encantaba a cualquiera con su mirada y sonrisa. Su familia le auguraba el mundo. Ella no se enteraba.

- Jamás pensé llegar a cumplir veintisiete años - sentenciaba. 

- Desde pequeña, me imaginaba constantemente formas con las que podría simplemente dejar de existir en esta realidad a la que odié por mucho tiempo. Veinticinco era la edad límite. -

"Encerrada". En una palabra describía su propia existencia; aunque reconocía que esas paredes no estaban en otro lado sino dentro de su cabeza, en su propia percepción.

Mucho le ofrecían. Dependía tal vez de su improvisada empatía con la gente, de sus ojos tiernos a la vez que seductores, o de su andar casi distraído. "Las cosas se te conceden", solían asombrarse sus conocidos. A veces ellos mismos propiciaban que así fuera.

Le gustaba sentarse en el baúl de la ventana que miraba a la calle. Creía poder entender el mundo desde ahí. Disfrutaba y valoraba los momentos de reflexión que ella misma conseguía, pese a la dificultad en una casa tan ocupada.

La noche. Su momento predilecto. Pero la noche guarda demasiado entre tanta oscuridad. A veces sólo sonidos es posible identificar entre sombras. Ella los conocía todos. Y los guardaba para sí, sabiendo de antemano que no habría con quién compartirlos. A la gente le falta pasión por lo simple...
Y le sobra miedo.

Entre los sonidos llegaba a identificar uno en especial. Anunciaba la visita que ella esperaba. Salía al balcón y le llamaba. Sugería su encuentro, pero éste no se daba. La ausencia del sonido indicaba soledad de nuevo y ella simplemente aguardaba en silencio un par de horas. A veces llamaba frustración a su sentimiento, pero otras simplemente vivía la tristeza cotidiana y dormía procurando olvidar las posibilidades.

Y así, nuevamente llegada la madrugada, aspiraba el frío aroma de la soledad en el balcón, soledad que no era provocada por la gente, sino por ella, ella a la que siempre añoraba, la que caminaba a su lado pero que nunca dejaba verse.

Una tarde, caminó directo hacia la hermosa ventana que aparecía al costado de la habitación; yacía tan grande, majestuosa, rodeada de blanco conteniendo el verde. - ¿Qué te ocupa, Aline? - se atrevió a preguntarle; - La Muerte - respondió ella en un tono apacible, con una fuerza en la voz tan sigilosa que apenas permitía percibir esa perturbación que se hallaba en su cabeza; - ¿La Muerte?... ¿A qué te refieres? - - La siento, la he visto, y sin embargo, no me quiere -.

Pero sabía que no debía buscarla, que no tendría sentido, porque cuando algo vive en ti, ¿cuál es el sentido de buscarlo fuera?.

Sin embargo, se recordaba que nada es infinito, y que la vida terminaría por acabarse un día. Cada día era uno menos. Porque doquiera que has estado, algo de ti queda. "Es como morir poquito" pensaba. Lo descubrió al recordar los años, los amigos, los lugares. Cada cana le recordaba esa mortalidad de la que era dueña la del espejo.

Un día tendría que volver a verla a la cara...

Un apabullante escalofrío recorrió su ser en ese momento. - No quiero tenerla cerca, no sabría qué hacer.

Tal vez la única eternidad exista en sus brazos. No pretendo perdurar más.

Concédeme el ajedrez de la prórroga, la eternidad de las sombras o la tranquilidad de las cenizas -.

domingo, 20 de mayo de 2012

No porque sea 20 de mayo, sino porque es día del psicólogo

Qué tal. Hoy es 20 de Mayo y se celebra el día del Psicólogo. Les escribo puesto que no quería dejar pasar la fecha. Bueno, la verdad es que me gusta que me feliciten este día, así que ya saben. 

¡Feliz día del Psicólogo para todos mis colegas y, pues... para mí!

Ser psicólogo de verdad que tiene sus matices; la mayoría de la gente actúa raro acto seguido se enteran de tu profesión, o al expresar una opinión te reclaman diciendo "¡no me psicoanalices!", y nunca falta la persona que te pregunta si lees mentes. A veces también tiene sus usos personalmente útiles, como poder alejar fácilmente a alguien que quiere lucirse o hacerle ver a una persona que no será tan fácil manipularte. Pero es verdad que como psicólogos somos persistentes, tolerantes y perseverantes; no nos dejamos, somos unidos y buscamos el bienestar y la salud mental e integral de las personas. 
Pase lo que pase, no podemos separar nuestra profesión de nuestra vida, y eso sí apréndanlo muy bien; interpretaremos cada palabra y cuestionaremos cada gesto, procurando también de vez en cuando salirnos con la nuestra. Orgullosamente, Licenciada en Psicología.

Les dejo una pequeña redacción que me encontré precisamente por la ocasión y que me pareció entretenida. ¡Disfruten su día!

Los psicólogos…
no enferman, somatizan.
no estudian, subliman.
no tienen ocurrencias, tienen insight.
no se equivocan, tienen actos fallidos.no cambian de idea, resignifican.no hacen disparates, despliegan su creatividad.no hablan, verbalizan.no conversan, puntúan.no responden, interpretan.no dicen estupideces, asocian libremente.no se desahogan, hacen catarsis.no te bancan, te contienen.no hablan por teléfono, se comunican de inconsciente a inconsciente.no son pesados, tienen una ligera compulsión a la repetición.no resuelven sus problemas, elaboran sus conflictos.no se enamoran, hacen transferencia.
no padecen una crisis, están atravesados por el malestar.


lunes, 5 de septiembre de 2011

Puntadas del Mingochas, blog por Óscar Gutiérrez Aviña

Pues les cuento que mi papá abrió hoy un blog (que en realidad por la hora, ya fue ayer).
El nombre del blog es Puntadas del Mingochas, y el nombre del autor es Oscar Gutiérrez Aviña; y permítanme decirles que en realidad esto ya tiene su historia.

Desde siempre, ha sido un gran fanático de la animación y el dibujo, sobre todo de caricaturas. Desde niño, le gustaba dibujar y de joven estudió la carrera de Comunicación Gráfica. Hizo varios cómics y creó sus personajes, hizo animación, fotografía, pintura, escultura, peluches... no, bueno. Hizo de todo.
Pues dado que ya contaba con personajes, con la experiencia y con la idea de las tiras cómicas, fue que surgió el planteamiento de comenzar su blog, y así, todo lo que se le ocurra y dibuje quede publicado para deleite de nosotros.

Así que aquí se los dejo, con su primera publicación Puntadas del Mingochas: Elecciones, y más por el gusto de que mi papá esté regresando a la dibujada que ya tenía rato que había dejado, y que sabemos por demás todos cuantos lo conocemos, que el dibujo es su vida.

Enhorabuena papá, mucha suerte y constancia.

martes, 22 de febrero de 2011

Tú lo dijiste: "pero ya es tarde..."

Un día están enamorados; al siguiente desean no haberse conocido...

Y vienes corriendo, pero chocas con pared. Habiendo dedicado las palabras más hermosas, terminas pronunciando las de desprecio y daño.

Y la historia se repite.

Nadie lucha por lo que en realidad no quiere. A veces simplemente se resignan a sufrir y comienzan a hacerlo sin ni siquiera la certeza de la derrota.

Para mí, el sufrimiento sin derrota, es pantomima.

El día que alguien me demuestre una verdadera lucha, una verdadera ambición, verdaderas intenciones en hechos reales y palpables, ese día se acabará la búsqueda que no existe. Porque a nadie le sirven las intenciones, a nadie le sirven las verdades omitidas ni las cosas hechas a medias.

Inmadurez.

Lo más difícil es saber dónde estas parado; reconocer tu error, entender tus patrones repetidos una y otra vez y querer moverte de lugar. Querer hacerlo, seguir intentando.

Y tal vez de eso se trate todo; de que al final quien tenga la última palabra no sea la razón, sino el sentimiento. Y si la razón gana, el sentimiento no era tan fuerte.

En estas situaciones no existe la palabra "correcto" o "bien y mal". Esto va más allá. No se trata de dejarte golpear por él, ni de las flores de arrepentimiento que traerá después, sino del maldito sentimiento que tiene más fuerza que tú, y que logra amar sobre los defectos. Sus defectos.

Y aunque te llamen tonta, y aunque te sepas tonta.

Una de dos; o resistes hasta que todo caiga por su propio peso, o terminas todo por el aviso "inminente derrota", evitando la llegada de la misma, o incluso apresurandola.


Para mí, se reduce a querer saber si te amo pero no existes, o si existes y no te amo. Y ojalá no sea ninguna de las dos.

jueves, 10 de febrero de 2011

Mi abuelito, Pedro

Fray Pedro de Gubar, cronista y comentarista deportivo, dejó de acompañarnos en esta travesía que es la vida, para convertirse en el recuerdo de un hombre maravilloso que siempre fue alegre y fuerte.
Excelente esposo, padre, abuelo y amigo. 
Hoy, jueves 10 de febrero a las 6 de la tarde, nos ha dejado este vacío enorme. 
Pero siempre estará en nuestro vivo recuerdo. 
Pedro Gutiérrez Barragán. Q. E. P. D.




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Actualización noviembre 2011.

Qué tal a todos. 

Visiten de ser posible el siguiente link, el cuál es la página oficial de Fray Pedro de Gubar, con información acerca de su vida y del homenaje del Salón de la Fama del Fútbol Nacional e Internacional. 

Gracias por sus comentarios y por recordar a mi abuelo en manera especial. 

Saludos afectuosos.


Les dejo también la página de Wikipedia. Fray Pedro de Gubar en Wikipedia

lunes, 10 de enero de 2011

He aquí lo que llamo una terapia personal

A 6 días de haber iniciado un nuevo año, y yo con un tremendo dolor de espalda, de esos que me dan por las preocupaciones ajenas que me encanta hacer propias; o en todo caso, las preocupaciones propias que ignoro hasta que veo las de otros que, por fin, logran hacer que me identifique con las mías...y etcéteras.

El punto es el mismo: el dolor de espalda. Ya lo tengo más que reconocido y ubicado. Cuando me llega, casi puedo ver la viga enorme que me cargo en ella. Tamaño, forma, textura, todo. Es ese dolor que me hace tomar decisiones, justo las que no quiero enfrentar. 

A veces platico acerca de las situaciones ajenas; y mientras lo hago, no puedo evitar sentirme un tanto orgullosa al ver que, aparentemente, mis situaciones son más simples, o que sé tomar buenas decisiones; e incluso hasta me hace pensar en "qué afortunada soy". "Tengo suerte, ¿sabes?; no tengo ese tipo de problemas", o "Vaya, al menos cuento con la inteligencia para resolver esto o aquello". Y andas por la vida resolviendo las cosas de los demás. Evitando que caigan en aquello que yo odiaría caer. Justo en el lugar en el que me siento.

Sí, porque después me llega el momento de despertar y de enfrentarme. Justo después de analizar el problema de esa otra persona, y casi resolvérselo en su totalidad, al menos en mi mente; y cuando me quedo sola. Y comienzo a pensar en mí, en eso que quiero laboral y personalmente; en que realmente tampoco sé qué es; aunque tenga algunas cosas por seguro, como el saber que no quiero quedarme para siempre en este trabajo, o que odiaría vivir con un hombre que no baja la tapa del escusado.

La verdad es que no parece que tome decisiones incorrectas porque tampoco enfrento las mismas. Tan fácil como saber que quiero vivir una vida fuera de mi casa con el hombre que amo, pero elijo justamente al muchacho varios años más joven que yo, sin terminar los estudios y sin un trabajo que nos sacará a ninguno de los dos de nuestra cómoda vida en casa de nuestros respectivos padres.

Anotaba para mí algo que quisiera apuntar en este sentido. "¿Por qué de repente siento como que nadie realmente entiende lo que necesito para tener lo que quiero?". La respuesta es porque simplemente nunca lo digo. 

¿Qué quiero? ¿Qué necesito para tener lo que quiero?... 

¿Qué es a lo que más le temo en esta vida? A estancarme. Si tu te estancas, y yo me veo avanzando, me largo. Así de fácil.

La cuestión es, siendo sincera conmigo misma, que nunca lo comento; simplemente lanzo indirectas para un día llegar y decir: "lo siento, sabes qué es lo que yo necesito, lo que te pedí tantas veces... así que esto no va a funcionar". 

Es aquí donde me detengo con mi dilema existencial. Y aquí va lo que me resta de sinceridad pura. No estoy segura de querer forzar a nadie a vivir rápido para obtener eso que yo necesito. Y el no tenerlo sí podría ser algo que defina el futuro.

Así que, tomemos nuestras decisiones.