Moria's Purple Mirror

Moria's Purple Mirror

domingo, 25 de marzo de 2018

Amores eternos

Esta tarde me encontré leyendo cartas de antiguos amores alojadas en la egoteca de mi pensamiento, allí donde a veces pareciera no caber un alfiler más, y que, sin embargo, siempre encuentra la manera de ser más y más amplia. Cartas de posibilidad de amor y de amor imposible, de aquellos quienes alguna vez se declararon prendados de mí.

Pero esta vez hay algo que se siente diferente... me detengo a pensar, y me doy cuenta de que tal vez no soy aquella que siempre he pensado, única y especial. Como revelación, comienzo a entender. Todos quienes dedicaron sus lunas, sus paisajes y su ser para mí, aquellos que me han declarado amor incondicional, han tenido más amores, han dedicado más poemas que los míos y han amado con pasión a otras parejas.

Entonces... ¿Quién soy yo?

He dejado de ser esa mujer afortunada, la que era tan amada, la musa de literaturas y de pasiones nocturnas descontroladas. Dejo de ser la coleccionista de corazones enamorados. De remembranzas y de motes cariñosos. Dejo de ser quien me he creído para empezar a ser una más en la vida de tantos.

Tal vez de esto se trate crecer, madurar, dejar de ser una niña caprichosa y berrinchuda, berrinchosa y caprichuda. Dejo de ser aquella Lolita, Wendy en el País de Nunca Jamás, para empezar a entender que no soy, nunca he sido ni seré el centro del universo de aquellos amores eternos. Y a entender que la que los conserva soy yo, no ellos a mí.

Amores eternos. 

Al invocar aquellas palabras, tan cerca de la muerte como estoy ahora, me parecen enteramente risibles e insoportables. Una burla absurda del universo para demostrarnos que no somos nada, cuando los que nos enaltecen son los mismos mortales estúpidos, con días contados y existencia vacía.

¡Qué bella debe ser una vida racional, certera e ignorante!


Amada muerte, único amor verdadero y eterno, olvídate de mí y permíteme regresar a la locura infinita, o recógeme en tus brazos y arrulla mi final, para que esta promesa de inexistencia le deje de doler a mi engorrosa consciencia.

jueves, 4 de enero de 2018

El cazador de dragones y la vampireza

Anoche fui a cenar con un amigo que tenía años de no ver. Se llama Lucent Vitelus. Es un cazador de dragones. Intentamos hacer cuentas del número de años, pero no logramos decidir si tres o cuatro, a lo que él contesta "depende del auto que traía en ese momento..."

Nos conocimos por casualidad hace 11 años, aproximadamente, en una fiesta de universidad donde coincidimos gracias a amigos en común. Fui con una amiga, con quien en ese momento nos encontrábamos de destrampe después de terminar por fin con relaciones tormentosas de años. Habíamos llegado a esa fiesta por invitación de un amigo de la facultad.

De inmediato me tiró la onda. Dice que le gustan altas. Imaginé que esa era la razón inicial por la cual no se aventó con mi amiga, quien es muy chaparrita. No recuerdo cómo salió al tema que me gustan los autos y a él también. -¿Quieres ir a ver mi auto...?" -me dijo.
Ahora que lo pienso, en esa época me arriesgaba demasiado. Él y su amigo, Kuru, nos invitaban a otra fiesta, cerca de ahí. Subimos al auto y avanzamos unas cuadras. Nuestro amigo de la facultad nos comenzó a buscar por teléfono, así que le pedimos a Lucent que nos regresara a la fiesta, con nuestro amigo.


Unos meses después, nos volvimos a encontrar, esta vez en un velatorio. La chica que organizó aquella fiesta, Bren, había fallecido por un descuido de sus amigos más cercanos, quienes tal vez condujeron sin precaución. En el carro iban tres personas más, todos compañeros de la Uni, todos amigos. Dos estaban en el hospital, uno con la pierna rota y la otra con muchas heridas, pero estable. La cuarta, la conductora, llegó al velatorio avanzada la noche, con un collarín. Al bajar de la camioneta en la que llegó, parecía no tener fuerza en las piernas y se desplomó en el piso. La ayudaron entre tres personas a dar cada paso, y parecía que no lograría llegar hasta el salón donde yacía el cuerpo de Bren. Cuando por fin logró entrar, la pena fue tal que volvió a caer sobre sus rodillas y soltó un grito de dolor que hasta el día de hoy recuerdo perfectamente.

Salí de ahí, harta de pena y duelo. Lucent me acompañó a la puerta. Una vez afuera, vi el auto en el que me había subido unos meses atrás, y le dije -me quedé con ganas de manejarlo... 
-Vamos -me contestó -te dejaré manejarlo.

Tomamos camino rumbo a la Ciudad de México, permitiéndome tomar las curvas de la libre con velocidad considerable, rebasando los trailers que toman camino de madrugada. Lucent comentaba acerca de cuánto le gusta correr los autos, y que se sentía emocionado de encontrar una chava que manejara como yo lo estaba haciendo. Al llegar a la ciudad, me indicó qué calles tomar hasta que llegamos a unos tacos en "Masarik", abiertos aún a esas horas. Una vez terminamos de comer, tomamos el camino de regreso, esta vez, manejó él. Yo me sentía cansada y algo triste.

De regreso platicamos más acerca de nosotros. Supo que soy una vampira, y me contó que es un cazador de dragones. Me dijo que se había dedicado a cazar dragones por varios años, como su padre y su abuelo antes que él. También me confesó que ya no quedan dragones en el mundo, y si los hay, están muy bien escondidos porque tenía años sin ver o saber de uno. Sinceramente, eso me entristeció, y me negué a creerle. Aún pienso que debe haber, quizá escondido en alguna montaña.

Me dijo además, que no había conocido una vampira, y que tal vez ahora debería dedicarse a cazarnos. Después de todo, un cazador nunca deja de serlo. Lo reté a que lo hiciera. Sabía que nunca me sería rival.

Volvimos. Dimos vueltas en el auto hasta llegar a la facultad. Le pedí que me llevara porque tenía clase temprano. Cuando llegamos, la facultad aún estaba cerrada, así que estacionó el auto cerca y dormitamos un poco. Cuando dio la hora esperada, lo dejé para ir a mi salón. Con la misma ropa del día anterior, cansada, desvelada y triste por Bren. Por los otros tres implicados en la colisión.

Un par de meses después, me invitó a festejar su cumpleaños con él. Un mayo. Me llevó a cenar hamburguesas, puesto que le comenté que me gustaban, y compró cervezas. Dijo que escribía un libro de sus memorias y que seguramente yo estaría en él. Nos fuimos a su departamento y me mostró que había comprado una consola y un juego que le había hecho saber que me gustaba. Sí, era su cumpleaños. Me complacía porque lo que quería era, por fin, llevarme a la cama. Con las cervezas encima, me dio sueño, lo que no le importó para cumplir su cometido. Dormí en su departamento y al día siguiente, cuando me metí a bañar, se metió también, pero me hizo sentir incómoda y me salí. Después de esa noche, me llevó de regreso a casa y no lo vi ni supe de él por varios años.

Una noche, tiempo después, me visitó en mi casa. Subimos a su auto y dimos vueltas por el pueblo contiguo; yo manejé. Me dijo que su vida iba muy distinta. Que por su trabajo, debía viajar demasiado y que casi no se encontraba en México, salvo periodos muy cortos de tiempo. Fumamos. Nos detuvimos frente al panteón. Era de madrugada y el silencio imperaba esa noche. Todo era calma. Vidrios abajo, sacando humo, estacionados justo en la reja de entrada del panteón, cuando de pronto, sin más, los perros del pueblo salieron de entre las calles, ladraron sin parar hacia las paredes del panteón, al tiempo que se vino un ventarrón que movió los árboles. El momento nos silenció. Aquello duró apenas un minuto o dos. Los perros se habían vuelto a ir, y el viento volvió a ser calma.

Hace tres o cuatro años, nos volvimos a ver. Esa noche pasó de nuevo a mi casa y nos dirigimos al mismo panteón, a hacer remembranza de todo cuanto se refiriera a ambos. El libro que escribía quedó en el olvido.



El paso del tiempo es incorruptible. Y ayer, nos vimos en un restaurante de "alitas", cenamos papas a la francesa, nachos, pollo y cerveza. Clara, porque la oscura le hace daño. Yo, una limonada natural. Le platiqué de mis achaques de la edad. Me platicó de los suyos.

Mientras yo comía, me contó de sus viajes; Brasil, España, Dubai, Panamá, Las Vegas, Francia, China... Mujeres, comida, alcohol y drogas. Buen sueldo con muy buenas prestaciones, sintiéndose aún mal pagado. Me contó también que bajó diez kilos, y que le hace falta bajar aún otros veinte. Me habló de su novia, a la que ve una vez cada que tiene oportunidad, entre los viajes de él y los de ella, quien trabaja en la misma compañía. Conversó un poco acerca de su visión del mundo, de cómo él y su grupo de amigos coincidían en pensar que los Baby Boomers le arruinaron la vida a las generaciones siguientes, por trabajar y darle todo a sus hijos. De cómo la vida es difícil pero hay que tener "los huevos" para levantarse cada vez; de cómo una de sus hermanas está por divorciarse y la otra está en depresión desde hace seis años, mientras que él le llama "débil" y la incita a darse un balazo para terminar con su sufrimiento. De cómo los padres son responsables de cada decisión, buena o mala, que tomen sus hijos, debido a la educación que les hayan dado y los valores de los que los hayan provisto. Antes de despedirse, me confesó que siempre le gustó mi amiga, la chaparrita.

Anoche fui a cenar con un desconocido. Se llama Marco y dice que es empresario. Es Ingeniero Químico pero se dedica a supervisar la construcción de fábricas de farmacéuticas. Se ríe de sus propios chistes y cree que hablar de pedas es gracioso, así como repetir incansablemente la "no mames" y referirse a mí como "we", porque, según él, así se hablan en su círculo...

viernes, 3 de noviembre de 2017

Luctuoso

A tantos años, sigue pareciendo ayer. Y duele como el mismo día. 

Te recuerdo tan bien como si vinieras nuevamente a verme a casa de mis padres, con tu voz chillona y tu cabello naranja, con tus abrazos, sinceros y apretados.


Recuerdo tus motivos, que aunque locos, sé que en tu cabeza tenían lógica. Tus desenfrenos y tus sinsentidos, los mismos que te llevaron a donde estás hoy. Tus ganas de comerte al mundo de un solo bocado, y tu seguridad cuando hablabas de cosas grandes para tu futuro. Tus razones, tus gustos, tus necesidades. 

Todo lo tuyo, y todo lo de los que te rodean, a los que dejaste con nada más que recuerdos, y un espacio vacío. Un hueco donde pertenecías, donde tu risa duele, tus abrazos duelen, tus fotos duelen. Donde dan ganas de ayudarte a ser lo que querías ser, y evitar que seas lo que eres.

Aún guardo nuestras fotos y cartas, y ese autógrafo que me instaste a no tirar, asegurando que algún día valdría millones. Nunca tuviste tanta razón. Al día de hoy, es extremadamente valioso. Porque tú lo hiciste.

Al final, la vacuidad nos recuerda que nos hemos de encontrar algún día, y tal vez eso sea lo que nos dé más temor. Porque el dolor es para el que se queda, no para el que se va. 

Desde aquí hasta donde estés, te abrazo, y celebro un año más, aunque, de manera más certera, un año menos.

lunes, 10 de julio de 2017

Compartiendo mi opinión...

En el entendido de que uno puede escribir lo que se le antoje en su blog, eh aquí mi experiencia/crítica constructiva/retroalimentación a la exposición de pintura a la que asistí la tarde noche del pasado 08 de julio.

Fui invitada por una amiga, a la cual al final no le fue posible llegar por motivos de trabajo. A pesar de que en la página de la Hamburguesería "La resistencia" anunciaban la exposición de Daniela Quijano a las 18:30 horas, mi amiga me comentó que iniciaría a las 19:00 horas. Es así que previendo el tiempo para comernos una hamburguesa, y por supuesto, tener un buen lugar entre los asistentes, llegamos al lugar 18:35.

Ya había asistentes al evento, como era de esperarse. Vimos llegar a la expositora faltando 10 minutos para las 19:00 horas. Supusimos que daría inicio en unos minutos más, pero mientras corría el reloj, ya con 10 minutos de retraso, pudimos escuchar a una invitada preguntar directamente a la homenajeada acerca del horario, a lo que contestó "primero voy a comer algo, no he comido".

Tan poco cordial como puede ser, se dio inicio al evento a las 20:02, y si hubiera tardado 10 minutos más, mi acompañante y yo ya no hubiéramos presenciado lo que vino después, estábamos a punto de irnos.
Claramente, hablar en público no es lo suyo. Una introducción pequeña, un agradecimiento por asistir y "los que gusten, acompáñenme arriba, o si quieren terminen de cenar, o como quieran".

Subimos tras ella. Ofrecían copas de vino tinto tan pronto llegabas a la sala, lo cual lo hizo parecer prometedor.

No soy ninguna crítica de arte, pero he estado suficientemente cerca de pintores, escultores y artistas plásticos, y he asistido a muchas inauguraciones de exposiciones artísticas, por lo que mínimamente sé de qué van.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Qué miedo una hoja en blanco. Que ansiedad una hoja en blanco. ¿Y si mi cabeza no crea? ¿Y si mis dedos no escriben? ¿Y si mi mente no piensa?

domingo, 24 de abril de 2016

Memoria

Leo tus páginas de recuerdos insignificantes, olvidados. Nada.

Al cerrar el libro se notan impregnados en la piel, se sienten como recientes, se sufren por igual, se viven por igual.

El recuerdo es absurdo, sin valor, pero la emoción daña.

Mayo, casi llegas, casi me alcanzas un año más de todos estos años que ya fueron.

Mayo, existes de nuevo y eres nombrado por los labios de la concurrencia.

Te odio y eres consciente de ello, y llegas como burla a amedrentar los remanentes cenizos.

Y nos vamos resumiendo.

Increíble que aún no llegas, pero te temo.

miércoles, 3 de junio de 2015

Mudanza

A mis lectores, que son pocos y consciente soy de ello, y a aquellos desorientados que por un click perdido den con esta página, quiero anunciarles que mudo este blog a wordpress, donde podrán encontrar tanto mis posts anteriores como los que sigan a esta fecha. Tal vez más, tal vez menos...

Agradezco a los que sé que me leen constantemente, y en espera de que no dejen de hacerlo, les comparto mi nueva dirección, por si gustan darse una vuelta también por allá: https://moriaspurplemirror.wordpress.com/

Por su atención, y sus lecturas, miles de gracias.

Moria.

sábado, 10 de enero de 2015

Simplicidad

Nada.

Nada llega, nada se va. 

Nada queda.

Envejecer en llanto. 

Nombrar al viento. 

Perecer sin escribir y volar sin valorar.

Poder mirar al fin el sinsentido.

Una vida que se agota, una muerte que renace.

Amanecer.

Continuar la lista infinita de palabras.

De ojos azules, encandilados y ciegos.

Para tomar un café en la playa.

Y mirar a los ojos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Un momento: tú

Eres la sensación de consciencia, 
y ese momento en que ésta llega y te golpea; 
eres una sorpresa que aún es familiar. 
Un cigarro en una terraza que ya no existe, 
un futuro que pinta hermoso sólo porque así lo crees.

Y es que soy tan pequeñita que a veces un sólo sentimiento puede caber en mí; 
pero cuando ese sentimiento eres tú, simplemente no quepo, me desbordo, 
y sales por mis ojos en forma de felicidad húmeda y negra 
y mi felicidad mancha tu camisa, 
y me siento triste entonces por ensuciarla y respondes como siempre... 
Como siempre... "No pasa nada..." 
Y abrazas mi mundo, y me llamas bella aunque me duelan los ojos, aunque no. 

Tú me llamas preciosa, y yo deseo serlo. 
Me dices hermosa y pretendo no cometer errores. 
Me llamas lindura y yo soy. 

Al principio, todo eres tú. 
Tú y esa manera de encrespar mis nervios, 
y de hacer desaparecer mi estructura, 
y de demostrarme que tienes razón, 
que la vida es sencilla, y que las complicaciones también son vida, 
y que sólo hay una manera de vivirla: juntos.

Esta vez me quiero en tu cama cada noche 
y en tus besos todas las mañanas. 
Quiero verlo todo con tus ojos, desde ti.

Porque me entiendes, 
porque a tu lado las palabras sobran y las pieles hablan, 
las manos miran, los ojos aman... Y el amor se hace.

Por eso sé que si la fortuna tiene un nombre, es sin duda el tuyo.

jueves, 21 de agosto de 2014

Rompecabezas

Encontrándome justo aquí,
creyéndome que el rompecabezas 
está casi completamente armado, 
desaparecen un par de piezas.

En medio de mi orgullosa 
y muy ególatra naturaleza vampírica, 
me creí completa, invencible, 
terriblemente feliz.

Y ahora, cuando mi vida pareciera 
volver a andar en cuatro ruedas, 
y cuando el amor me ha permitido 
verle directamente a los ojos y besarle los labios...

Llega a mi mente una pregunta: 
¿de qué sirve un rompecabezas de mil piezas 
si me faltan dos de ellas?

Moria

~No fechado~